Click, click, click

De esta guisa se levantaba uno de nuestros periódicos nacionales en su versión digital: invita a sus lectores a cliquear sin reparos sobre la foto de uno de los 33 mineros atrapados aún a día de hoy -13 de octubre, para ser más exactos- dentro de lo que hace meses fuera su puesto de trabajo. Pueden elegir el avatar que deseen; el más desaliñado, aquel que se parezca a tu cuñado, o bien optar por acercar el ratón al azar, por puro divertimento. La cuestión está en cliquear. Y cuando uno decide por fin a quién tendrá el gusto de conocer, el periódico le regala más abajo un escueto pero suculento retrato emocional del minero, acompañado de la misma foto del avatar pero a todo color. Un detalle. En mi caso me incliné por el único minero al que adivinaba un fondo tras la figura, Pedro Cortés se llama. Según cuenta el periódico, Pedro -cito literalmente- es «bromista y alegre», es electricista y «perdió un dedo en la mina hace un año. A sus 26 años, está separado y tiene una hija». Intrigado por el jueguecito interactivo, sigo cliqueando al azar y descubro nuevos detalles cotidianos sobre los famosos mineros. Uno de ellos «gozó de cierta fama como futbolista, pero no ahorró», otro «ha recibido a sus 43 años una propuesta de matrimonio de su compañera de toda la vida». El de su derecha es «un niño en el cuerpo de un hombre que se fue de casa de sus padres para buscar una aventura». Y así, uno a uno, voy hurgando en el perfil de todos los mineros. Para Carlos la mina es un «matadero». A José le llaman sus compañeros «Don José», confiesan que «es superpadentro, muy reservado. Es cristiano evangélico»… No sigo. Total, ustedes tienen ahí el periódico para continuar leyendo a gusto. La crónica promete durar. Desperdicio no hay, se lo aseguro.

Pero la inventiva del diario no se agota en este artificio a lo Facebook. No. Si la gracia estuviera tan solo en conocer el perfil y el avatar de los mineros, la interactividad les duraría un telediario. Sabiendo la inconstancia del lector-espectador, el periódico ha decidido incorporar un mecanismo digital que irá tiñendo de verde el avatar de todo aquel minero que en los próximos días vea el fin de su cautiverio forzoso. Un cronómetro restará hacia atrás el número de mineros que aún quedan dentro. De esta forma, el lector estará informado a tiempo real del devenir de cada uno de ellos. Y gratis. Sólo tienen ustedes que cliquear, nada más. Incluso para los más curiosos, ha proporcionado el periódico suficiente avituallamiento con la que saciar su sed de noticia. A la derecha incorpora un enlace que reza «consulta el Especial». Si usted tiene a bien (o a mal, eso va con el estómago de cada alma) cliquear sobre este enlace, accederá a una detallada reconstrucción de «la vida de los mineros chilenos con los testimonios de sus familias». Palabras textuales. Aquí estamos en las ligas profesionales. Antes teníamos que conformarnos con un minúsculo avatar, acompañado de la exigua biografía del minero. El Especial (las mayúsculas son del periódico) tira la casa por la ventana y nos ilustra con la foto actualizada a todo color de cada minero, frente a un fondo oscuro que suponemos es la oquedad del refugio donde se encuentran.

El procedimiento es el mismo: el usuario debe cliquear sobre la foto que estime de su agrado o curiosidad y tendrá al segundo un extenso sumario de la vida y obras del atribulado, fielmente aderezadas de un fotograma también a color del minero, esta vez suficientemente contextualizado en su cautiverio. Junto a cada foto, el internauta -a estas alturas ya suficientemente motivado- dispone de un vídeo que podrá reproducir cuantas veces desee a un solo click. Si decide aventurarse y ver y escuchar el vídeo, será voyeur privilegiado de las intimidades de cada minero. Eso sí, deberá esperar veinte segundos a que acabe la publicidad que precede al show. Unos tan solo saludan, tímidos, evitando mirar de frente a la cámara; otros lanzan besos al aire a su madre, sonriendo; alguno deambula y susurra fonemas sin sentido. De postre, bajo el vídeo, el espectador puede leer un adagio prosaico pero eficaz que, se supone, ilustra las necesidades, ilusiones o pareceres de cada minero, su edad y el número y naturaleza de su prole. «Quiero estar libre, quiero ver el sol. 34 años y sin hijos». «Nunca se fió de esta mina. 40 años y dos hijos». «La empresa lo subió a una máquina para que se callara. 26 años y una hija»…

Si en estos pasos cuaresmales encuentra el espectador algo interesante, no se alarme. Su entusiasmo obtendrá merecido eco. El periódico piensa en todo y ha insertado hábilmente un surtido de enlaces a las redes sociales de mayor tráfico para que no solo usted, también toda su familia, primos, pareja, abuelos, vecinos y amigos de red disfruten del espectáculo. E, insisto, todo gratis y a un click. ¿Quién da más?

Ramón Besonías Román

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1 Comment

  1. Ayer estuve mirando el rescate de la mina. En el medio de todo el show mediático en que se convirtió este hecho, escuchaba los comentarios acerca del minero cuyas dos mujeres lo esperaban afuera.
    Un noticiero tituló “Una mina, dos mujeres”, haciendo un juego de palabras de mal gusto (sabrás que en Argentina, mina es el lunfardismo por mujer).
    Vivimos en una sociedad en la que voyerismo está a la orden del día, pero una cosa es sentarnos a mirar Gran Hermano, donde los que participan se exhiben gustosos y otra es meternos descaradamete en la vida privada de cualquiera. ¿Querrían los mineros que su vida esté a disposición de un clickeo? ¿Alguien pidió permiso?

    Pero parece que nada importa, solo alimentar el morbo del pueblo.

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