Mandamientos del internauta libertario

A la luz de las copiosas manifestaciones expresadas por aquellos internautas interesados en dejar claro la naturaleza inherente e insobornable de la red, en clara oposición a aquellas políticas que intentan limitar el acceso a determinados contenidos audiovisuales, me atrevo a pensar que tales individuos se mueven en torno a un ideario que podría resumirse de la forma que sigue. Si me dejo algún mandamiento o cabe precisar algún matiz de relevancia, ruego que el lector me ilustre con sus comentarios. Igualmente, espero que usted, perplejo lector, saque de mi exposición algún provecho que le sirva para nadar sin zozobrar en las airadas aguas de este proceloso océano llamado Internet, confiando en que sepa discriminar la complaciente estupidez del sensato raciocinio. Amen.

I
La red es un espacio común, de libre tránsito de información y contenidos.

II
Todo lo que está en la red es mío y tuyo, es de todos. No importa su procedencia, contenido o intereses de quien lo comparte.

III
Todo lo que contiene la red es de carácter público, a no ser que la tecnología impida acceder a ello.

IV
Nadie está obligado a compartir en la red, pero todo aquel que lo desee puede visionar, leer o descargarse libremente aquello que estime oportuno.

V
Aquellos que deseen hacer negocio en la red, deben saber que todo aquello que suban en ella, podrá ser descargado libremente por cualquier usuario si la tecnología se lo permite.

VI
Ninguna ley o norma debe impedir el libre tránsito, subida o descarga de contenidos en la red.

VII
Aquellos gobiernos, empresas, grupos o individuos que limiten o impidan el ejercicio de la libertad del internauta en la red, se deberán enfrentar a las acciones de protesta, boicot y rebelión de la ciudadanía, en defensa de su derecho natural a tomar libremente de la red aquello que encuentren en ella, sin ninguna injerencia externa o presión que se lo impida.

VIII
Cualquier internauta es libre de compartir todo tipo de contenidos, con independencia de su moralidad o ideología.

IX
Cualquier internauta puede expresar libremente sus opiniones en la red, sin censura ni códigos de conducta que los limiten.

X
La red no posee finalidad alguna, más allá de la expansión indiscriminada de contenidos. El uso o la naturaleza de los mismos le es indiferente.


Ramón Besonías Román

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5 Comments

  1. Gracias, Rafael, por pasarte por aquí y por tus aportaciones. Comparto contigo esa necesidad de escucha y mesura, de equilibrio de intereses. Por eso mi artículo es más una parodia de los excesos, un aviso a navegantes.

  2. Hola, llego a tu blog por tu comentario en el blog de la periodista Delia Rodríguez que me ha gustado por su mesura, corrección expresiva y argumentación.

    Es cierto que este tema hay tanta polarización como falta de reflexión. Lo que pasa es que a mí me ocurre ahora que entiendo lo que me decían de pequeño cuando peleaba con mi hermano menor: “el mayor eres tú!” y creo que aquí 'el hermano mayor', nuestro gobierno, no presenta argumentos completos ni honestos.

    Pero esto es otra historia. A lo que voy es a discrepar de tu planteamiento: cierto es que hay un gran número de personas que firmarían sin demasiados reparos los preceptos que propones, pero también es cierto que somos muchos los que tenemos posturas intermedias.

    No creo que Internet deba ser campo libre, tampoco que se pueda controlar como algo propio – tal y como defiende Punset en el vídeo que enlazas -, pero sí pienso que la industria artística, en vez de adaptarse al contexto de negocio cambiante, pretende limitarlo ley en mano con la connivencia de gobiernos faltos de ideas mejores.

    No me quiero extender demasiado, disculpad, simplemente dejo un ejemplo de cómo veo yo las cosas: cuando aparece el ferrocarril, ¿debieron las empresas de transporte en diligencia frenar la expansión del metal y gravar la madera que se quemaba?

    Por cierto, como músico te puedo decir que gracias al declive de la venta de música grabada el auge en la música en directo – la verdadera expresión artística musical, sin trucos de ingeniería -, está alcanzando las cotas más altas de la historia.

    En cualquier caso, desde la discrepancia, un saludo cordial.

  3. Muy bien, Ramón.
    La Red vendría a ser como la habitación de un amigo que yo tenía en la adolescencia. Una habitación atestada de discos. Manolo, que me llevo el último de Supetramp. Llevátelo, no tardes en devolverlo. Y en ese plan. Una habitación infinita, en todo caso. Préstamos anónimos. Y hacen que paguemos, no creas. Las telefónicas varias, los discos con sus gravámenes. Se trata de reorientar la dirección del dinero sustraido al contribuyente. Va a sitios distintos. El pago, al cabo, es el mismo. La habitación de mi amigo Manolo es parte de mi educación sentimental. Ahora entro en ella a diario. Algo así viene a ser, en plan sencillo, la historia que nos están contando. No es ya la libertad absoluta. Es la criminalización indiscrimada. No éramos delicuentes al pedir prestados discos o libros. No lo somos ahora. Hoy, a punto de tantas cosas, algunas buenas, estoy de un sentimental subido. Buenas navidades.

  4. Un concepto, Javier, que tiene sus matices y límites. La red no es un espacio que deba poseer libertad absoluta de tránsito. Esa idea es una entelequia y deviene en irresponsabilidad. Por ejemplo, el Estado, y obviamente el aparato jurídico, deben velar para que en la red no exista ningún delito que atente contra la integridad moral o física de ningún ciudadano, especialmente los menores de edad. De hecho, no hay, que yo sepa, ningún grupo de presión en la red que defienda lo contrario.

    Se ha asentado en España la utopía ciudadana de que en la red las leyes que rigen el espacio físico no deben tener efecto, entendiendo con ello que Internet es una especie de limbo extrajudicial y amoral (entendiéndase, moral cívica, no moral individual). Tarde o temprano esa utopía será descartada, provocada por la propia evolución de la red, su complejidad y los nuevos casos de ciberdelincuencia que operan en ella.

    La red no nace de la nada. Es una servicio que se origina con el fin de que otros ganen dinero mientras el resto se divierte, navegando por los servicios que ofrece, sean éstos de pago o compartidos libremente. Internet se ofrece, no aparece. La ofrecen los proveedores de Internet, y las compañías eléctricas nos enganchan a la energía que precisa. Una vez dentro de la red, todo es en el fondo negocio. Google, por ejemplo, provee de servicios al internauta que se beneficia del entorno virtual. La libertad en la red es una ficción.

    Si la neutralidad en la red la entiendes como la no injerencia de los proveedores (ISP) en la velocidad de los servicios que ofrece Internet, entonces te doy la razón. Eso sería peligroso. En ello entra en escena el Estado, que debe proteger el acceso igualitario de todo usuario a cualquier servicio, siempre y cuando éste no haya entrado en un proceso judicial.

    Pero mucho me temo que aquellos que defienden la neutralidad en la red se centran demasiado en que no se les acabe el chollo de poder descargarse películas y música sin pagar otra cuota que aquella que Telefónica, Endesa o los periféricos le exigen.

    Mi artículo intenta mostrar los extremos del discurso acerca de la supuesta libertad de la red. No pretendo con ello mostrar una realidad, sino hacer reflexionar acerca de las inconsistencias de aquellos internautas que pretenden hacer de Internet, como lo hacen las multinacionales, su cortijo particular.

    Felices Fiestas, Javier.

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