De dioses y hombres

Nadal gana su décimo torneo. La prensa lo presenta como un héroe, como lo hacían los griegos en la Antigüedad; personas de carne y hueso traspasan la barrera de lo posible y conquistan la gloria mediática y el respeto unánime del pueblo. Se valora su encono, su dedicación, no rendirse, no deber su copa a nada más que el tesón, la dedicación, el triunfo de la voluntad individual. En tiempos de crisis, en los que la ciudadanía espera que el ejecutivo le rescate del paro, alabamos no la limosna del Estado, sino la ética del esfuerzo como garantía de éxito. Paradojas del espíritu.

Claro que ellos son héroes y nosotros meros mortales, marionetas de la fatalidad. A nosotros solo nos queda recurrir a la indignación, al pataleo, mientras los dioses, observando las fatigas de los mortales desde su Olimpo, ríen a gusto nuestro sino. ¡Pobre de ti, ciudadano! Llora sin consuelo tu aciaga suerte. Solo los héroes no piden disculpas por tomar lo que es suyo. Solo los héroes pagan a manos de los dioses la pena por su orgullo, escupiendo al verdugo que cercena su arrojo. El resto, hormigas pacientes, penamos día a día nuestra voluntad pusilánime, soñando mirando al éter infinito paraísos futuros, humo de estela fugaz, nada.

Ramón Besonías Román

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