Salir de la minoría de edad

Todo cambio revolucionario ha operado antes en el campo del lenguaje que en el de las acciones. Un cambio en la semántica social, en los discursos que protagonizan la opinión pública, fue síntoma explícito de que una nueva etapa estaba comenzando a manifestar amagos de querer emerger a la superficie de la estructura política. En este cambio de paradigma sociolingüístico tuvo algo que ver en no pocas ocasiones la aparición de un nuevo marco comunicativo. En la Edad Media, el férreo control religioso de los textos manuscritos permitió el sostenimiento del aparato ideológico cristiano. Durante la Revolución Francesa, la imprenta supuso un soporte eficaz de transmisión de los mensajes revolucionarios, agilizando la movilización de las clases bajas contra el Antiguo Régimen.

Hoy, es la red el transmisor principal de información, aún no contaminado en exceso por los poderes fácticos y con unas características privilegiadas para difundir rápidamente y a un gran número de ciudadanos infinidad de mensajes. La única diferencia entre este nuevo paradigma comunicativo y sus antecesores radica en que su controlabilidad es limitada. En la red existe un alto grado de indeterminación en cuanto a la dirección y posible influencia de los discursos que en ella navegan. Sin embargo, sí podemos baremar los trending topics, las tendencias y los debates más recurrentes dentro de un espectro amplio de internautas, aunque hoy por hoy la manipulación de los mensajes a través de la red por parte de marcas comerciales y partidos políticos es por ventura aún limitada. Esto facilita la implantación de una semántica ciudadanía, ajena al marco teórico y las directrices ideológicas que intentan inocular los poderes político y económico a sus potenciales votantes-clientes. Algo parecido sucedió durante la Revolución Francesa. La burguesía ilustrada emergente vio en la imprenta un vehículo excelente de difusión de sus ideas reformistas, mientras que los representantes del Antiguo Régimen no supieron ver a tiempo la viralidad con la se extendería por todo el país el descontento y la adhesión al nuevo marco ideológico.

No podemos comparar sustantivamente ambos momentos históricos, pero sí puede hacernos reflexionar acerca de la importancia que tienen las tecnologías de la comunicación y la información en la transformación de las ideas colectivas, tanto como vehículo de manipulación como de renovación política. Algunos analistas políticos y sociólogos no prestan suficiente atención o no dan importancia a las recientes manifestaciones ciudadanas por numerosos países de Europa (aunque sí sobreabundan las esperanzas de renovación democrática dentro de los países musulmanes del norte de África), interpretándolas como un residuo sintomático de un malestar que es fruto de la incertidumbre económica y la zozobra política que ésta genera. Pero en cualquier caso asocian las revueltas populares con una casuística pasajera que agotará, según ellos, su espíritu contestatario una vez encauzadas las aguas de la crisis. No consideran que las actuales circunstancias sean lo suficientemente graves como para quebrar el individualismo y la pasividad generacionales. Además, hemos aprendido a lo largo de la historia a controlar con métodos no necesariamente expeditivos la disensión social, blindando el sistema contra agentes patógenos que pudieran desestabilizarlo.

En esto no hay que restarle razón a los analistas; las manifestaciones populares europeas no van a traer un cambio radical en las bases del sistema democrático, pero sí suponen un síntoma explícito de que se está instalando en la calle un nuevo lenguaje político, una semántica vindicativa contagiosa, diferente a la que hasta ahora presidía la plaza pública. Como diría Kant: aún no estamos en la ilustración, pero se vislumbran claros indicios de ella, expresados en la voluntad general a modo de una resiliente indignación que demanda compromisos políticos, salir de una vez por todas de su minoría de edad como ciudadanos. De una generación atrapada en una pasividad consumista y autocomplaciente estamos asistiendo con entusiasmo vigilante a nuevas actitudes colectivas que de seguro generarán a largo plazo la aparición de valores cívicos y de reformas sociales importantes. Una nueva generación, en diálogo con las precedentes, está pidiendo encontrar su lugar en este mundo convulso, cambalache, que le ha tocado vivir. Esta es su forma de expresar su perplejidad y su visión del futuro. Obviando su voz solo conseguiremos que construyan el mundo a expensan de nosotros.

Ramón Besonías Román

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3 Comments

  1. No hace mucho comentábamos en Facebook una canción de Serrat (Disculpe el señor) que abonaba, años atrás, de forma preclara y premonitoria estas innovaciones semánticas revolucionarias, si ampliamos el significado de “pobre” de la canción, hasta abarcar el contemporáneo de “indignados”. La frase final es memorable y supone una vuelta de tuerca ideológica,superadora de lo que significó en su día el marxismo:
    “…que estos no se han enterado que Carlos Marx está muerto y enterrado”.

  2. Se produce una conjunción entre el mayor recorte en las últimas décadas en cuanto a derechos sociales (que no han hecho sino empezar en nuestro país), el fracaso de la socialdemocracia a la hora de forjar salidas a la crisis que no pongan a los pies de los caballos el estado de bienestar… y el estallido de la -llamémosle- ira popular contra ese dsmantelamiento. Asustan, por otra parte, el vaciamiento de los recursos de las comunidades autónomas que no pueden pagar a sus suministradores, lo que incluye en buena medida al gasto sanitario (asistencia, productos farmacéuticos) que se revela como insostenible. Creo que lo que se viene encima es mucho peor de lo que nos dejan ver de momento, y vamos a tener motivos para cuajar generaciones más rebeldes que las que han estado dormidas durante los plácidos años del entontecimiento consumista. Probablemente nos tengamos que convertir de nuevo en un país de emigrantes, nosotros que hemos censurado la llegada de inmigrantes en los últimos quince años. Paradojas. Hay que empezar a sacar y desempolvar las banderas rojas de nuestra juventud. Es curioso porque a través del facebook me llegan noticias de exalumnos que eran de lo más conformistas cuando los conocí yo, y ahora participan en acampadas y movimientos reivindicativos. No diré que no me guste. Así.

  3. Se está instalando un lenguaje nuevo: me quedo con eso. Uno osado, capaz de alarmar a quienes antes no atendían a lenguaje nuevo alguno.
    Se trataría, en todo caso, de manifestar una discrepancia, hacerlo visiblemente y hacerlo contagiosamente. Puede que se venga todo abajo y quede un símbolo tan solo, pero antes no había ni siquiera un símbolo. Después del símbolo está el contenido. Las dos caras de la moneda: el indicio revelando la realidad agazapada.

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