El alzheimer de Otegi

Otegi se nos ablanda; será la cárcel, que pule el carácter y adocena la voluntad. Declara ante la juez que lleva su caso que dos años de reclusión es inhumano. Menuda falta de consideración; debería llevarse al tribunal de derechos humanos tamaña crueldad. ¡Pobrecito!… La juez, sin pelos en la lengua, le contesta que si la cárcel le parece un castigo desproporcionado, entonces eso de asesinar qué son, ¿daños colaterales? La retahíla abertzale de Otegi es cada vez más disparatada, pero tiene mucha salsa mediática, rellena titulares. Quizá sea eso lo que desea, que se hable de él, ese pobre presidiario, sometido al trato inhumano del Estado represor español. Vamos, la cantinela de siempre, las batallitas del abuelo. Eso sí, que quede claro que él no va a los entierros a enaltecer la violencia; lo único que hace es echar el clavel rojo sobre el ataúd, sea el muerto de la ideología que sea. Porque lo que uno no deja de ser, por muy puta que sea la vida, es un caballero; ay va la hostia, pues.

El alzheimer de Otegi le va y le viene, a gusto de sus intereses. Lo mismo levanta el puño, se caga en la madre del imperialismo españolista (Agustina de Aragón, supongo) y ríe las gracias de los cachorrillos de ETA, que le da por erigirse a sí mismo en adalid de los derechos humanos, defensor del abandono de las armas o convencido demócrata. Su pragmatismo político es mera adaptación evolutiva; lo que él denomina movilidad coyuntural. Está en la naturaleza del alacrán inocularte su veneno; por mucho que Otegi se vista de demócrata, corresponsal de asesinos se queda. Así lo ha corroborado recientemente ETA en un comunicado al diario Gara, en el que apoya el camino político emprendido por Bildu y lo hace suyo, como una consecuencia lógica de la evolución de la lucha soberanista. Para ETA, Bildu es un apéndice suyo, pero sin C4. El hecho de que hoy por hoy ETA no pueda matar -no confundir poder con querer-, no le resta peligrosidad al ascenso de Bildu dentro de las instituciones vascas. Lo que la ciudadanía pone en duda razonable es la voluntad democrática de Bildu, su compromiso político con una ciudadanía que demanda trabajo, bienestar, y no el atávico discurso autocomplaciente y victimista de soberanismo. Es hora de gobernar; el resto son pamplinas. Si Bildu quiere convencer a su electorado, debe dejar de ser un mero grupo de presión radical y convertirse en aquello que le demanda su electorado: gobernantes. Es hora de la política; veremos cómo se le da a los cachorrillos de ETA ejercer de demócratas y solucionar problemas cotidianos. El tiempo acabará desvelando la verdadera piel del cordero.

Ramón Besonías Román

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