La erótica del poder



Si lo utiliza la publicidad como reclamo, ¿por qué yo no? Algo así debió preguntarse el gabinete de comunicación y propaganda de Putin. Antes de este placebo preelectoral ya se le ocurrió crear un videojuego en el que podías convertirte por unos minutos en un habilidoso Putin apagafuegos. Incluso contrató a un grupo musical para que le escribiera una canción a su medida, con un estribillo que reza algo así como “yo quiero ser como Putin”. Pero en esta ocasión el ingenio de sus consejeros de imagen decide recurrir -no sabemos si por falta de creatividad o por desesperación política- al más antiguo de los recursos: el sexo. Arropado por una empresa privada, cuyo nombre no quiere desvelar -pero que tiene el beneplácito gubernamental-, unas dulces señoritas se desvisten públicamente, no sin antes orean por calles y plazas las virtudes (políticas) de Putin. ¡Las cosas que tiene que hacer un político para conseguir el amor, siquiera temporal, del pueblo!.

Ya sé, aquí en España, tierra de la paridad y la equidad de género, a ningún político se le ocurriría valerse de la impúdica exposición del sexo femenino como publicidad electoral. Faltaría más. Aquí somos más civilizados y sensatos. Solo recurrimos a estrategias de mezquindad metafísica: la descalificación, el epíteto autocomplaciente, el sangrado moral del oponente. Todo menos enseñar una teta.

Seguro que a estas alturas algún lector se estará preguntando: pues yo preferiría deleitarme con un espectáculo erótico-festivo -en ambas versiones, potro italiano o hembra jamelga– que aguantar el ping pong impenitente de reproches y narcisismos con los que nos castiga la clase política antes, durante y después de su menstruación democrática. Con el merchandisin ruso por lo menos quien disfruta es el votante y no el candidato, que ya es algo.

Mis disculpas a los lectores sensibles por mi impúdica semántica. La erótica del poder, supongo.

Ramón Besonías Román

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1 Comment

  1. Viniendo de este Putín (¡ojo a la tide!) no me extraña nada.
    En España se da, como bien dices, una suerte de escatología -e incluso pornografía- oral, de baja calidad, característica de la tdt party y asimilados, bastante nauseabunda. Prefiero Noctambulario II.

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