La respuesta socialista




A modo de metáfora heurística, podríamos comparar a un partido político con un organismo pluricelular, sometido a necesarias reglas de regulación homeostática, alimentación, autoprotección y supervivencia. Ante cualquier patógeno, ya sea externo o interno, todo organismo actúa con premura, activando mecanismos de defensa que le devuelvan a una armonía sostenible. Un partido político debe estar siempre alerta para ajustar las tendencias entrópicas que le amenazan, especialmente desde su interior. Si un ser vivo es ya de por sí un sistema inestable, sometido a numerosos imponderables, un grupo humano complejo, una vasta organización política, lo es aún más, ya que a la propia dinámica interna de su maquinaria, se une un factor de una mayor indeterminación: el factor humano.

El pasado Congreso socialista ha contentado más a los órganos de dirección y demás garantes del orden interno del partido que a la propia militancia, quienes ven desperdiciada una idónea oportunidad para que el PSOE hubiera cambiado ciertas inercias de organización y modelos caducos de toma de decisiones. Ita est, aunque ser y deber en estos casos vuelan cada cual a su libre albedrío. No hemos tenido el Congreso que esperábamos, pero éste es el que hay y no otro. Esto, sin embargo, no debe interpretarse como un indicio de que la suerte esté echada. Un Congreso no sirve por sí solo para rearmar a la militancia y los simpatizantes, para construir entre todos un proyecto común de cara a los próximos comicios, y menos aún si éste ha operado con reglas ajenas al discurso plural que alimenta la vida política en las diferentes Agrupaciones Locales del país. 

El aparato político, expeditivo, ha decidido tomar las riendas del partido con determinación, evitando que un diálogo alargado en el tiempo genere una imagen mediática de excesiva disensión interna. Un Congreso tomado con alfileres, rápido, formalmente digno, de estética irreprochable, basta a la cúpula socialista para tener la puerta de entrada triunfal al nuevo calendario programático. No necesitaba abrir un Congreso renovador, un Suresnes del siglo XXI. Le bastaba con blindar el aparataje interno contra la dispersión de aquellas ovejas y pastores que empezaban a plantear nuevas formas de entender el futuro del partido. En tiempos de desolación, mejor no hacer mudanza; ésta parece ser la lógica presentada mucho antes de que empezara el Congreso. No conviene revolver la espesa capa de lodo que envuelve la vida interna del partido; si lo hiciéramos, entraríamos en un bucle que solo conduciría a presentarnos dentro de unos años ante la ciudadanía como un partido disperso, que no sabe por dónde anda, que es incapaz de ofrecer un proyecto serio y responsable. Mejor cambiar tan solo algunas pequeñas cosas, detalles frescos, retoques de dermoestética política, que nos den imagen de renovadores, sin perder la autoridad de partido unido herméticamente bajo un discurso oficial sólido.

Esta estrategia conservadora (jouer la défense) responde igualmente a una perspectiva cortoplacista de un futurible escenario electoral. Podríamos ilustrarlo a través de la sencilla imagen de un tsunami. En un primer momento, la ola no parecía tan peligrosa; hasta que la realidad no se impuso, Zapatero obvió su existencia. Esto, sumado a la propia naturaleza del cataclismo financiero, remató la imagen pública del Ejecutivo como incapaz de asegurar la estabilidad económica del país. El Partido Popular gana las elecciones por reducción al absurdo, sin esfuerzos programáticos; pero se traga el grueso del tsunami. El Ejecutivo Popular debe asumir la responsabilidad de cumplir las exigencias europeas de tolerancia cero con el déficit, dejando al país en un suspenso laboral, aún a día de hoy en sus prolegómenos. Este escenario no hará en los próximos años sino desgastar sobradamente la imagen del actual Gobierno y darle al PSOE la oportunidad de presentarse en las próximas Primarias como salvador por jaque mate. Dentro de tres años, la ola del tsunami menguará su viralidad (¡esperemos!), permitiendo al nuevo equipo socialista una entrada holgada en las urnas. Y todo esto sin necesidad de hacer grandes esfuerzos por cambiar su organización interna, sin necesidad de dar pábulo a los reformistas heterodoxos, sin necesidad de arengar a las bases con discursos emotivos en defensa de una democratización interna. Lógica capitalista: más beneficios con el menor gasto. 

El verdadero protagonista de este Congreso socialista ha sido el realismo político; ni las bases militantes, ni la pluralidad interna, ni la voluntad de reformas estructurales e ideológicas. Un explícito blindaje estratégico, en menoscabo de las voces que dentro del partido interpretaban en este contexto político una idónea oportunidad para reformular preguntas que llevan durante décadas coleando en el imaginario de militantes y ciudadanos acerca del lastre centrista del socialismo español. Un debate que algunos otros partidos socialistas europeos, como el francés, han comenzado desde ya a cuestionarse, abriendo el partido a un nuevo modelo de militancia y a nuevas necesidades sociales y económicas, y presentando un programa político que comience a desmarcarse de la senda conservadora imperante en toda Europa.

No son pocos ni ingenuos los militantes y simpatizantes que realizan una lectura escéptica, cuando no pesimista, de la senda trazada durante el reciente Congreso. El realismo político de la nueva Ejecutiva socialista lleva aparejados unos costes nada insignificantes: el aumento de la desafección política de numerosos militantes y simpatizantes, ya manifiesta mucho antes del Congreso; la elaboración de un discurso ideológico hacia la izquierda, en realidad impostado e impuesto por la hoja de ruta electoral; la reproducción de los mismos modelos de organización y toma de decisiones verticalistas que hasta ahora protagonizan la vida diaria en las Agrupaciones Locales y que perpetúan el acostumbrado despotismo ilustrado que alimenta la relación entre los órganos de dirección del partido y la militancia… Todos estos riesgos, y algunos más, no ayudan en modo alguno a crear un pensamiento de izquierdas, sensible con las necesidades reales de la nueva ciudadanía del siglo XXI. Hasta ahora, el discurso ideológico socialista combinaba con más o menos eficacia los viejos ideales igualitarios y garantistas con un realismo inquietante en materia de política económica. La debacle financiera cambió este equilibrio. Pero no puede interpretarse que la crisis económica haya sido la única causa de la desideologización del discurso socialista. Existen factores internos, ligados a su propia tendencia a la esclerosis organizativa, fruto de su ego electoral y del mantenimiento de estatus de sus clases dirigentes. El reciente Congreso ha obviado estos factores, reproduciendo exponencialmente el peligro a reducir la vida interna del partido a su mero esqueleto estructural, sin la musculatura de la que dota al PSOE español su perpleja militancia.

Ramón Besonías Román
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2 Comments

  1. Amigo Anónimo, en estos momentos la vida interna en las Agrupaciones es el germen de futuro. Desde ellas debe gestarse un nuevo PSOE. Para ello, habrá que ir introduciendo poco a poco reformas de organización compatibles con los Estatutos vigentes o paralelos a ellos, que refuercen la vida en común. Hoy por hoy, muchas sedes están congeladas. Debemos rearmarlas con trabajo en equipo y acción en la calle.

    Por otro lado, es necesario un giro en la gestión de las Ejecutivas Locales de cara a sus militantes. Una Ejecutiva debe ser algo más que un servil ejecutor de los dictados de Ferraz. También debe activar la vida política de su sede, congregar a los suyos en torno a un proyecto que ilusione y que anime a participar. Hoy por hoy, salvo excepciones a tomar nota, las sedes presentan un cuadro de esclerosis preocupante.

    La función de los militantes debe ser potenciar estas reformas, orientar a sus Ejecutivas al cambio de modelo organizativo. Y si no hay éxito, debemos convencer a los militantes de que es necesario un tránsito de Ejecutiva Local, nuevas caras con nuevas ideas que refresquen la vida interna del partido.

    Buen día, Anónimo.

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