Perro ladrador



Once upon a time far far away una clase social esclavizada por infames empresarios, que la someten a largas horas de duro trabajo, sin posibilidad de descanso, ni días libres, ni seguro sanitario, ni derecho a prestaciones por desempleo. Tras décadas de un infierno en vida, esta clase trabajadora se rebela contra el patrón, alza su puño contra la injusticia y por fin logra hacerse oír y tener voz en las instituciones políticas. Es aquí donde el cuento debería cerrar con un the end venturoso. El proletariado vive feliz y come perdices; orgulloso, ondea la bandera del socialismo y defiende a capa y espada el sostenimiento de un Estado de Bienestar ganado con sangre, sudor y lágrimas. El sueño de Marx de una sociedad que trabaja sin excesos y con tiempo libre para orear su creatividad  -es decir, el actual modelo de socialismo nórdico- alcanzará su cenit orgásmico después de la Segunda Guerra Mundial. La vieja clase trabajadora tiene dinero para comprarse una lavadora, una secadora y el resto del catálogo consumista que décadas atrás estaba restringido a la burguesía y la nobleza. Por fin, el pueblo llano podrá acceder a aquellos bienes y servicios que les fue negados durante siglos. 

Hasta hace una década, una buena parte de los españoles vivíamos en el mejor de los mundos posibles. Hasta el más pintado podía tener un móvil de última generación y un sueldo que le permitía darse homenajes. Pero no hay din sin don y la crisis financiera nos hace despertar del sueño dogmático de un eterno bienestar. Cierran empresas, sube el paro… Blancanieves sale de palacio y descubre un mundo nuevo frente a sí, donde no existen fuentes inagotables de leche y miel, ni príncipes inmaculados, de sonrisa profiden. La crisis revela los excesos cometidos en tiempos de vacas obesas: corrupción institucional, gastos por encima de nuestras posibilidades, despilfarro público,… Todos se rasgan las vestiduras, echando la culpa al vecino. Pero todos participamos con nuestro silencio y complicidad del mismo show. Nadie, restando escasas excepciones, pone énfasis en la necesidad de un bienestar sostenible, respetuoso con el medio ambiente, equitativo. Nadie defiende el ahorro, el gasto racional, una vida frugal y solidaria con los desequilibrios del sistema económico. Nadie se acuerda de un paraguas hasta que llueve. 

La clase media aburguesada de finales de siglo XX no se parece ni por asomo a la clase trabajadora decimonónica. Aquélla carecía de lo más básico y la indignación era lo único que le quedaba. El ciudadano español de 2012 es un cerdo cebado a fuego lento, que ahora observa contento cómo el porquero le administra las bellotas con cuentagotas. ¿Se rebelará el puerco contra su fuente de suministros? No, no lo hará. Cuanto más beneficios hayamos acumulado, más miedo a perderlos. El cerdo seguirá alzando la cabeza, esperando su dosis de bellotas, aunque ésta sea exigua. Mientras tenga barro sobre el que solazar su panza, la esperanza imponderable en que en un futuro no muy lejano el porquero traerá más bellotas nunca se pierde. No lo digo yo, lo demostró Paulov; sí, el del perro y la campanilla. La clase media saliva al oír la campana a la hora de comer, aunque su dueño no le dé la ración acostumbrada. Como dos y dos son cuatro.

¿Qué hay de lo mío?, reclama el ciudadano al ver cómo mengua su faltriquera. ¿Dónde está el edén prometido?, ¿quién se llevó mi queso? El sabueso menea su cola en busca de alimento, ladra, revolotea nervioso,… pero al cabo de un tiempo se vuelve a sentar, esperando pacientemente a que llegue su comida. Llega, aunque en raciones escasas. El dueño del perro le sonríe, da unas palmaditas en el lomo del can y se marcha. Y vuelta a empezar. ¿Acaso se rebelará el perro contra su dueño? No, no lo hará; tiene demasiado miedo a perder lo que ya posee. Pese a sus ladridos, sigue confiando en la gran máquina que le hace salivar. 

Las últimas estadísticas corroboran esta lógica conformista. Al igual que sucediera en 2010, más de la mitad (el 59%) de los españoles opinan que la huelga es contraproducente. Entre los encuestados que votaron al PSOE en 2011, un 40% es de la misma opinión, pese a considerar que hay sobradas razones para convocarla. Solo un 30% del total de encuestados estaba por la labor de secundar la huelga unos días antes de que tuviera lugar. Y no se equivocaron.

El perro de Paulov confía en que tarde o temprano recibirá su dosis de ambrosía. 
El perro de Paulov tiene  miedo de que su proveedor de huesos deje de abastecerle. 
El perro de Paulov es perro ladrador, pero poco mordedor. 

Ramón Besonías Román
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