Trabajad, malditos



Si les nombro a David Cantolla, quizá ustedes dibujen un rictus de ignorancia en su rostro; pero si hablo de Pocoyó, enseguida sabrán que me refiero al famoso personaje infantil, embutido en licra azul. Pues bien, el señor Cantolla no es otro que el creador de Pocoyó, y además de esto, un empresario de éxito al que ahora le ha dado por pasarse al cómic de autoayuda para adultos. La novela gráfica ya de entrada tiene un título que no pretende engañar a nadie: Éxito para perdedores. Cantolla defiende su libro, apoyándose en una intención moral: ayudar a los ciudadanos agobiados por la crisis a insuflarse a sí mismos optimismo y voluntad de superación. En realidad, David Cantolla habla de sí mismo, un empresario que es ejemplo vivo del american way of life y su sueño del individuo hecho a sí mismo. “La historia de Éxito para perdedores enseña que cualquiera puede hacer cosas importantes, que hay que intentarlo siempre y no temer estrellarse”, afirma.

Cuando escucho a individuos de éxito su defensa optimista del universo, me suena igual que oír a un rico decir que lo más importante en la vida no es el dinero. Te sientes estafado, y encima indigna. Si me lo dijera uno de los miles de autónomos que pululan por España, esforzándose por salir a fin de mes, entonces me quitaría el sombrero. Pero que venga un empresario de éxito a recordarte que con esfuerzo y voluntad se llega lejos, suena a recochineo. Como si los trabajadores apretados por la crisis fueran indolentes sin perspectiva, pobres mastuerzos, convencidos de que el mundo es más un valle de lágrimas que un paraíso de oportunidades. Perdonen mi enojo, no puedo evitarlo. 

A propósito de la anécdota del creador de Pocoyó, les voy a narrar un suceso del que fui protagonista hace unos días. Asistí en calidad de representante de mi instituto en el Centro de Profesores y Recursos (C.P.R.) a una reunión en donde una eficaz ponente nos expuso ampliamente los diferentes Programas Europeos a través de los que el alumnado podrá mejorar sus competencias lingüísticas. La reunión tuvo una duración de dos horas, a lo largo de las cuales la ponente explicó profusamente los diferentes programas y sus procedimientos de inscripción y desarrollo. Pero no fue esta exposición lo que llamó mi atención -la verdad es que la exposición fue más que tediosa-, sino la introducción de veinte minutos con la que intentó justificar moralmente la naturaleza benéfica de estos Programas Europeos. Nadie esperaba que la ponente intentara moralizar a decenas de adultos acerca de las virtudes del sacrificio y la superación personal, a fin de justificar sus contenidos. Todos esperábamos una mera exposición práctica. 

En primer lugar, expuso que las actuales circunstancias exigirán de los trabajadores una mayor adaptación al medio laboral, que forzará a los ciudadanos un cambio de mentalidad. Desde ya, los trabajadores deberán acostumbrarse a tener varios trabajos en un periodo de tiempo limitado. Esto requiere un modelo de formación más flexible y adaptativo, además de virtudes personales que exigirán del futuro trabajador (refiriéndose a los alumnos) un esfuerzo extra, la voluntad de ser más competitivos. Formarse no será una opción, sino una necesidad. La movilidad a lo largo y ancho de Europa en busca de un futuro será titular habitual de prensa. En este sentido, el profesorado deberá reforzar en sus alumnos valores de superación y esfuerzo, poniendo a prueba su resistencia al fracaso. El objetivo final debe ser extraer de ellos el máximo de sus capacidades -palabras literales de la ponente-, motivando en ellos actitudes que les hagan más abiertos y flexibles a la realidad laboral, con una mayor percepción de autoeficacia.

En un principio, las palabras de esta especie de comisaría política me hicieron reír, pero pasados unos minutos mi sonrisa tornó en una cierta indignación. Por decirlo en cristiano, daba la sensación de que la ponente venía a vender a los docentes una biblia liberal a mayor gloria de las políticas económicas del Ejecutivo. Su homilía convertía a los alumnos en meros medios de producción, a merced del ecosistema económico; deshumanizaba la vida laboral, culpando al trabajador como único causante de sus desgracias. Una visión del universo laboral y las virtudes públicas similar al esgrimido por cualquier pedagogo oficialista del siglo XIX. Por entonces, todo ciudadano con renta y vida resuelta tenía la convicción de que los pobres lo eran por una suerte de defecto genético que les impedía tener el arrojo y la iniciativa personales que requieren ser un hombre de éxito. De ahí que ofrecer pan al indigente se viera como mera caridad cristiana, no como justicia social. 

No era difícil percibir en las palabras de la ponente una cierta querencia -consciente o no- por el darwinismo social, por la estratificación del ciudadano en función de su capacidad de adaptación al medio económico. Espero que esta ponencia no sea el inicio de un largo catálogo de homilías con las que justificar la incompetencia política y de paso llevar al rebaño por la senda de la salvación.

Ramón Besonías Román
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5 Comments

  1. Estimados lectores:

    En ningún momento el artículo pretende algo más que hacer pensar sobre otra que no sea esa nueva semántica de la crisis, que empieza a abultar redes sociales, debates televisados y demás foros mediáticos. Mi artículo rechaza a aquellos moralistas que aprovechan la coyuntura para vender su catecismo. Nada más.

    Queda claro en el segundo párrafo que no me refiero a los empresarios innovadores, ni a los sufridos autónomos, ni a cualquier otro trabajador que con ingenio y horas saca adelante a su familia.

    Las crisis provoca una incertidumbre que aprovechan muchos gurús para vender, con mayor o menos honestidad, su recetario de soluciones. Desconozco las intenciones del señor Cantolla, y no dudo de su sinceridad y cierta preocupación por compartir con otros ciudadanos lo que para él es un modelo lícito de “éxito”. Mi propio suegro, que tiene una ferretería y trabaja como un mulo, podría ser también un ejemplo de cómo en España se trabaja bien y mucho, y no por ello se vive en el american life style.

    Por cierto, a mi hijo le encantaba Pocoyo. Buena idea.

  2. La sensibilidad de cada uno en esta vida es por derecho algo muy respetable. Sin embargo, para subirse a una tribuna a juzgar la historia o el trabajo de alguien hay por lo menos que cumplir unos mínimos como saber de lo que se está hablando. Yo he tenido la ocasión de leer el libro del señor Cantolla y tras ver este post lo que me queda claro es que hacer demagogia sobre algo que ni siquiera se ha leído, sí que es bastante estéril y francamente ridículo. Pero allá cada cual con sus tópicos baratos.

    Soy autónoma, soy empresaria y considerar que mi opinión no puede ser tenida en cuenta porque en la actualidad mi negocio funciona es tan pueril y simplista que ciertamente sí que me deja perpleja. ¿qué pasa entonces… que los que hemos caído y nos hemos levantado, los que hemos tirado para adelante a pesar de la crisis, los que nos hemos apoyado en amigos, en familiares y estamos intentando cambiar las cosas…. no somos quienes para opinar y compartir nuestra experiencia? ¿vamos a quemar a todos esos malditos empresarios que les van las cosas por fin un poco bien?
    Seriedad señores. Y respeto por los que seguimos luchando.

    Curra Hierro

  3. No entiendo por que tanta saña…empece como muchos, sin un duro. Cuento que he tenido mucha suerte y que nunca supe cual era la decision correcta..no doy lecciones de nada, no se el secreto del exito, nada mas lejos, pero ¿que le voy a hacer si las cosas me han salido bien por ahora?(…veremos en el futuro)

    A lo mejor el libro no es bueno(seguramente) pero no creo que cuente nada que deba indignar a nadie. Tal vez esta bien leerlo antes de ser tan duro

    Tampoco he vendido un libro de autoayuda, mas bien lo contrario por que de lo que si presumo es de que me la pegue bien fuerte, ..y casi seguro por que me lo merecia.

    Es posible que algunos penseis que tal vez sea mejor predicar quedarse quieto…yo no lo veo asi. Yo pienso que, por mas que nadie te asegure nada, emprender puede ser una buena idea.
    No hay ninguna relación entre que te vaya bien y ser mala persona o no ser trabajador o hacer de menos a alguien que no le ha ido tan bien…
    En concreto a mi me diseñaron para que me salieran las cosas mal en la vida, y por alguna razón no fue así. Me gustaría creer y tal vez es un pensamiento muy naive, que no todo esta escrito y que las personas no nacen y mueren(al menos en el primer mundo) con el destino de su vida ya cerrado.

    Por ultimo, si, es un tebeo..con mas de 1800 dibujos hechos por Juan Diaz-Faes que es un tio muy trabajador, una hormiguita que esta 12 horas al dia dibujando como una maquina(lejos de ser rico y famoso) y que es muy posible que llegue lejos poniendo su talento y teson en lo que hace. No es “nadando entre tiburones”… es verdad, pero eso no lo hace algo malo.

    No todo en este mundo es cinismo e impostura y tampoco estoy deacuerdo con que siempre es “jeta” (Pocoyo es bonito y costo mucho trabajo sacarlo adelante)

    Bueno, como era de perplejos, pues ahi lo dejo…por que tengáis otro punto de vista por si suma algo

    un saludo

  4. Me parece más que razonable el cabreo que te provoca el optimismo estéril del empresario de turno, pero no hay que olvidar que lo que ha perpetrado no es precisamente “Nadando entre tiburones”, sino un tebeo. Ni más ni menos.

    Si Cantolla puede presumir de éxito, la actitud por sí sola no vale de mucho; en su caso se debe a un montón de circunstancias que le rodean y de las que un autónomo —por ejemplo— no disfruta: y son, desde los contactos hasta el dinero (su “pobreza” es una pose) pasando por, como no, la proverbial “jeta” que adorna a cualquiera que quiera escalar. Si a un mileurista le rodeasen todas esas ventajas, no creo que necesitase el tebeo de Cantolla. Con haber visto contadas viñetas del cómic ya imagino que tales ventajas se omitirán para que el tebeo se lea como tal, y no como la cruda novela autobiográfica de un despiadado broker.

  5. He leído tu post y he compartido la misma extrañeza, indignación y rabia ante esa biblia neoliberal que os vendió la ponente del CPR.

    No puedo exhibir nada que contradiga lo que os dijo porque probablemente el mundo sea como ella os lo mostró. Flexibilidad, formación permanente, desubicación geográfica, eficacia, competitividad… y el que no concuerde con este modelo, pues a la mierda, y el que sea demasiado mayor, a la mierda, y el que no sea rentable, a la mierda, y el que se forme, además deberá ser sumiso, y el que no, a la mierda… Hacen falta personas adaptables y fungibles, con alma hábil, y dispuestos a cualquier cosa por sobrevivir, y sabiendo que llegará un momento en que dejarán de ser útiles y serán arrojados al cubo de los desperdicios porque ya no será suficiente lo adaptables, ni flexibles, ni competitivos que hayan podido ser. Siempre habrá otro que trabajará más por menos dinero y estará dispuesto a aceptar lo que sea.

    Mierda.

    Un abrazo.

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