Rey muerto, rey puesto



El Congreso Provincial de Badajoz requiere una lectura más profunda y abierta de la que pueden ofrecer los fríos porcentajes. Pese a que Rafael Lemus es oficialmente Secretario Provincial, el escaso margen de votos respecto a Ramón Díaz Farias -tan solo 15- demuestra que la militancia aboga mayoritariamente por la renovación interna del partido. Farias era un candidato desconocido, plegado exclusivamente a su labor local y sin apadrinamiento. Por el contrario, Lemus es hijo político de Francisco Fuentes, afín a los órganos del partido en la provincia; gozaba de toda una infraestructura orgánica a su servicio, de fieles colaboradores que velaban para que obtuviera un margen despreocupado de votos. Aún así, no solo no ha logrado la mayoría absoluta, sino que ha estado a poca distancia de llevarse el segundo premio.  

El porcentaje obtenido por Ramón Díaz Farias es más que envidiable para un candidato ignoto, ajeno al aparato, sin apoyo institucional ni carta de presentación. De la noche a la mañana, en tres semanas, logra captar 130 votos de los delegados. A esto hay que sumar los muchos impedimentos que los órganos de dirección han puesto a Farias. Se le ofrecieron las direcciones de los delegados a un par de días del Congreso, sin tiempo para hablar y darse a conocer; tuvo que reunirse en la sede de Talavera porque en Badajoz encontró las puertas cerradas, y suma y sigue. Hoy por hoy, cualquier candidato ajeno a los círculos de confianza del aparato, encuentra fuertes presiones internas, animándole poco menos que a anular su candidatura. Sin embargo, de la noche a la mañana, aparece la candidatura de Farias a modo de forúnculo incómodo. Es entonces cuando la máquina de fabricar apoyos para Lemus debe ponerse a trabajar en pocas semanas. Sin Farias en juego, el éxito de Lemus se daba por descontado, era una apuesta con cartas marcadas. Pero una segunda candidatura ponía en un aprieto lo que debía ser un camino de rosas. Los consejeros de Lemus se empezaron a poner nerviosos; no esperaban tener siquiera que hacer campaña. A una semana del Congreso, en el acto de presentación de Lemus en Badajoz, el inexistente equipo de márquetin de Lemus tuvo que recurrir al viejo truco de la foto impostada con militantes, cogidos de improviso, casi a la fuerza. El éxito no estaba asegurado, por lo que era necesario limitar la presencia de Farias en actos públicos y asegurar el voto de los delegados, ampliando el espectro de la futura Ejecutiva -nada menos que 39 cargos-. Si Lemus hubiera dejado que los delegados decidiesen sin presión, sin placebos ni promesas a medía sonrisa, por mera reflexión libre, el éxito de Lemus hubiera sido incierto.  

El señor Francisco Fuentes deseaba tener un Congreso tranquilo, en el que la victoria de su pupilo no dejara lugar a dudas de que el partido en Badajoz es sólido y está unido en un solo frente. El continuismo era una condición sine qua non para justificar la herencia de Fuentes y blindar el liderazgo en la provincia. La pluralidad de candidaturas genera desconfianza e inseguridad en los órganos de dirección salientes; asocian pluralismo con caos, con desunión, más aún cuando existe algún candidato que ellos no han testado y controlado con antelación. Esta lectura es bien diferente a la que alimenta los debates de la militancia, quien ve con buenos ojos y calidad democrática que existan diferentes propuestas de futuro. Además, la pluralidad de candidaturas genera debate, mueve las ideas dentro del partido, escenario del todo saludable.  

Probablemente, Rafael Lemus no tenga la Ejecutiva que hubiese deseado; que se haya visto obligado a ceder puestos a cambio de asegurarse su éxito congresual. Igualmente, Ramón Díaz Farias no esperaba un apoyo tan abultado, ensombreciendo con su espíritu renovador la entrada triunfante de Lemus como relevo de la era Fuentes. La nueva Ejecutiva Provincial va a tener que ganarse a la militancia pacense, con algo más que fuegos artificiales. No son pocos los militantes que firmarían sin dudas el conocido adagio de El gatopardo: “cambiar algo para que nada cambie”. Esperemos, pese a las evidencias, estar equivocados.  

Ramón Besonías Román
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1 Comment

  1. Sería algo pretencioso por mi parte aspirar a opinar sobre algo tan particular y vuestro como lo que planteas. Imagino que tendrá lectores más apropiados que podrán aportar algo.

    Un cordial saludo.

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