El punctum real

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Como decía Barthes, en cada foto existe un punctum revelador, pero no apreciable a primera vista; es decir, requiere paciencia y una mirada sin prisas ni mochila de prejuicios a cuesta. El punctum no es objetivo, al contrario, se hace presente desde la fugaz contingencia de la subjetividad. Uno lo ve, otro no. Y no se espera, él viene a ti, se muestra, aparece. El punctum está en la foto y no puede ser controlado desde la técnica. Una vez realizada la instantánea, más allá de la pericia del fotógrafo o su manipulación de la realidad a fin de obtener un efecto determinado, el punctum se resiste y va por libre. Nada puede hacer fotógrafo o espectador para que no se revele.

El punctum, además, no se muestra en la globalidad de la toma; su característica esencial reside en que se oculta en el detalle, en los intersticios de la foto, en un gesto inapreciable a primera vista, pero que con calma sobresale y nos sorprende, provocando el goce estético o la perplejidad.

En las fotos oficiales de la Casa Real, el punctum es esquivo, ya que el fotógrafo se preocupa muy mucho por no dejar huellas que alienten la subjetividad del espectador. Como en publicidad, quieren que exista una lectura homogénea y benévola con la intención del anunciante. En este caso, Cristina García Rodero ha firmado una instantánea al uso, calibrada al milímetro. El príncipe viste camisa desabotonada y sin corbata, lo que le da un aire desenfadado, en claro guiño al necesario aperturismo hacia la ciudadanía. La chaqueta es azul celeste, un color limpio, transparente, sin referencias a sobriedad ni firmeza, acorde con la intención de conjunto. Las futuras princesas flanquean a su padre en pose jovial, con una sonrisa quizá demasiado forzada, pero que es recompensada por la pose de las manos de Leonor sobre la espalda de Felipe VI y la cabeza de Sofía sobre el pecho del futuro rey.  El fondo gris perla combina y otorga equilibro al cromatismo de las figuras.

¿Dónde está entonces el punctum revelador, la grieta que se escapa a la intención del autor? En un principio creí ver en el sutil despeinado frontal del príncipe el detalle que falta, pero quizá resulta demasiado obvio, premeditado incluso. Fue entonces cuando lo vi: si dividimos el rostro de Felipe VI en dos, vemos que el gesto revela diferentes emociones. El lado izquierdo no es tan amable como el derecho. Si los observamos por separado, un rictus de preocupación contenida domina el rostro izquierdo, mientras que el derecho se entrega sin resistencia a la simulación, revelando una sonrisa más natural. El lado izquierdo del rostro del futuro Felipe VI es el punctum, mi punctum. Quiero pensar -quizá sea tan solo un espejismo- que la realidad supura más allá del artificio, que nuestra subjetividad, las emociones a flor de piel piden paso en silencio, acaban tomando volumen en la instantánea sin pedir permiso a la voluntad del fotografiado.

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