Tomatina

slide_364418_4130994_free

Somos animales lúdicos. Nuestra manera primigenia de descubrimiento del mundo es a través del juego. El juego es un laboratorio para el niño. Cuando crecemos, transmuta la necesidad. El juego deja de ser una forma de aprendizaje para convertirse en una huida de lo cotidiano, un placebo que exorciza nuestros miedos, que nos aleja por un instante de la responsabilidad de ser adultos. Diría un psicoanalista que va más allá el alcance de nuestra entrega a estos actos irracionales pero necesarios: no son tanto una manera de escapar de la muerte sino de entregarse a ella a través de un ejercicio inocuo, inofensivo. Deseo de infinitud, la misma que sentimos cuando miramos el horizonte en la playa o perdemos la mirada sin ser conscientes de ello. Abandonamos el mundo y sus afanes, nos sumergimos en una placenta cálida y refrescante, carmesí como la sangre vital, que nos alivia, nos rescata de afán diario. Bañados en epicarpos y mesocarpos carnosos, simientes y funículos, abandonamos nuestro cuerpo para convertirnos en un jugo simbiótico unitario, una iglesia sin más dogmas que la entrega sin reservas a ese instante fundacional. Los feligreses de Buñol se sacrifican con alegría, sin condiciones, en este ritual anual de unción de tomates. Como el catecúmeno, aceptan felices el puré profano pero salvifico, que expulsa los demonios y dulcifica el alma. Un ritual colectivo, ecuménico, donde entras con identidad, historia, gozas del caldo espiritual y sales gratificado por la comunión de este bautismo singular, todos iguales, todos uno y múltiple, a través de la inmersión en el óleo vegetal. Retozan, niños de nuevo, alrededor de otros cuerpos, desnudos al fin, libres del lastre de sus biografías, ajenos a la vorágine de los días, sin carné, llaves ni móviles, solos, zambullidos en el feto primigenio. Monos sin civilización, cabeza, cuerpo y extremidades, yaciendo sin agenda ni rutas, a través del mar rojo que les circunda.


* Foto tomada del diario digital Huffington Post.

Anuncios

1 Comment

  1. No sé si conozco bien el tema. Las fiestas populares españolas me dejan muchas veces grandes dudas. Esta de la Tomatina no es una excepción. La has dotado de un carácter dionisiaco e iniciático, algo así como una vuelta al líquido amniótico. Puede ser, pero puede ser también un gigantesco disparate en que se arrojan a la nada 130 Tm de tomates en una orgía difícil de entender. Este país no hay quien lo entienda. No me extraña que tenga tanto éxito entre los extranjeros eso de Spain is diferent. Sin duda lo es. No sé si somos un país de genios o un país de tarados. Y esta tomatina me hace preguntármelo de nuevo. En fin.

Aporta tu punto de vista

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s