Con el estómago vacío y la bilis revuelta

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Autor de la foto: Toni Ferragut

Afirmaba Popper, el filósofo, que una teoría es más fuerte cuanto más abierta está a ser falsada, cuanto más resista los argumentos en contra. En estos meses, cercanos a la Diana y no tan lejanos a la consulta, la prensa arrecia sus requiebros y lanzas, unos arrimados al catecismo independentista, los otros alérgicos a su viralidad. Pero pocos argumentos buscan un encuentro equilibrado, una aproximación que aliente que de este lance veremos despejado un horizonte de futuro. Cada cual vende su producto y desprecia el del adversario. Unos y otros radicalizan sus mandamientos, bajo la bandera monocorde de su cristiandad. Mucha pasión, sentimiento, desgarro de vestiduras, y poco sentido común, poca sabiduría. La España racial, orgullosa de sí misma, destapa su relicario de soflamas, mientras la Galia catalana subraya su órdago arengando el fervor popular. Y en medio de esta berrea política, el proyecto moderado del PSOE no consigue entusiasmar a muchos. Cuando hay bronca, ya se sabe, el que intenta separar a los contendientes, una bofetada segura se lleva. Parece como si el discurso radical vendiera más y mejor en tiempos de incertidumbre, y los términos medios se interpretaran como indolente mediocridad. Tan furioso y decepcionado está el respetable que eso de dialogar se le hace un juego infantil, inútil y engañoso. Sin embargo, el verbo encendido, la determinación excluyente de lo mío frente al sentir del resto, eso cotiza en bolsa. Tan huérfanos estamos de fe que un clavo ardiendo basta para aliviar nuestra perplejidad. Y ya nos pueden poner delante argumentos bien hilados y sensatos  que no lucen tanto ni parecen tan apetitosos como la inquietante clarividencia de un dogma meridiano. Hoy, desde hace tiempo, la política no se piensa, se siente. Votaríamos, si mañana fuera, con el estómago vacío y la bilis revuelta, nunca bajo el arbitrio de una sana meditación o la adhesión a la bella arquitectura de un discurso. De ahí que nacionalismos y populismos de recio abolengo o reciente fabricación, da igual, vendan a gusto su religión, arropados por el abatimiento popular. Mantenerse firme en la convicción de que el consenso social, la escucha mutua, debe ser el horizonte deseable y posible, es hoy un heroísmo que solo el tiempo podrá hacernos apreciar. O no, ya saben, la ignorancia y la cobardía son virus resistentes, a los que sin remordimiento, incluso con insana complacencia, nos rendimos, felices en nuestra plácida burbuja.

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4 Comments

  1. Estimado Ramón Besonías, ya que me pillas la foto por la patilla, coño, ten la decencia de nombrarme como autor de ella. Entiendo que es para ilustrar tu Blog, pero joder, ten un poco de tacto compañero que al fin y al cabo parece que tú también tomas fotos. A ver que te parecería si yo te pillara una y encima no pusiera tu nombre !

    1. Mis disculpas, Toni, por no citar el autor de la foto. Lo haré. Si quieres que la elimine de este post, no dudes en decírmelo. Insisto, mis disculpas sinceras.

  2. Me he propuesto no volver a hablar de política, en especial, catalana que es el lugar donde vivo. Creo que estoy mejor calladito. Y además nadie razona con razones, se razona con sentimientos. Y esos son imposibles de rebatir. Uno siente o no la catalanidad. Y uno siente o no la sensación de náusea ante lal vorágine del poder político, financiero, cultural. Cualquier discurso es imposible, la política es esencialmente sentimiento. Ilusión, esperanza, fe, rabia, envidia, miedo, asco, aburrimiento, desazón, odio, resentimiento, venganza. Si eres capaz de crear un movimiento con la mezcla de sentimientos adecuada, da igual su base racional. Lo que prima son las emociones, la faceta sentimental. Vivir en Cataluña es sentir un territorio cargado de sentimientos, de frustración, de desgana, de esperanza en una nueva era luminosa lejos de la perversa madrastra. Son cuentos infantiles, pero tienen su base como intentó mostrar el controvertido Bruno Bettelheim. La política es simplemente una narración de niños para adultos, cargada de sentimientos y estados emocionales simples. El que intente fundar un partido político basado en la complejidad, fracasará sin duda. Las masas no adoran la complejidad y sí los enfoques esquemáticos. La política no se dirige al cerebro sino al estómago. Dicho esto, creo que tengo ya muy poco que aportar en el debate de la sociedad catalana. Así que permaneceré en silencio por no tener nada que decir.

    Un abrazo.

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