Lo viejo y lo nuevo

Rodetes_viejo_y_nuevo

España, debido a su historia no tan lejana, ha polarizado su vida política a partir de bloques ideológicos infranqueables; lo que damos en llamar izquierda y derecha. Y creemos que quizá toda Europa es heredera de este síndrome bipolar, pero no. Países con mayor tradición democrática (y sin el peso de un enfrentamiento civil reciente) ven a sus partidos no tanto como cajones ideológicos estanco, sino como propuestas variadas dentro de un espectro ideológico continuo. Esa sensación que ahora empieza a ser vox populi entre la ciudadanía española, según la cual PSOE y PP son similares en política económica, aunque con matices apreciables en su concepción del Estado social, es algo que no se discute en el resto de Europa. Se da por sabida y aceptada la diversidad política y el carácter pluriforme y maleable de los programas electorales. El sistema democrático permite elegir, con mayor o menos margen de maniobra, entre opciones variadas, pero que ya no están marcadas como antaño por un marchamo ideológico heredado de padres a hijos de similar clase social.

El excesivo tinte ideológico de la actividad política española, sin embargo, está mutando al calor de la crisis y el desencanto, además de factores sociológicos, de mero tránsito generacional. La ciudadanía está repensando la naturaleza del contrato político y su percepción de los partidos. Buena parte de los ciudadanos ya no vivieron la transición y  apenas saben algo sobre su reciente historia. Perciben la vida política no ya como un juego entre izquierdas y derechas, sino como un enfrentamiento entre la vieja y la nueva política. Por un lado, los partidos que participaron en la transición política hacia la democracia y que con el tiempo se convertirían en un bloque bifronte infranqueable, que se repartía sin problemas la gobernabilidad del país y el discurso oficial de la historia de España. Por otro lado, los partidos de reciente aparición, nacidos como consecuencia de las disfunciones de la realidad política y con una generación nueva de políticos, alejados de la narrativa habitual, el catecismo acostumbrado de los ejes ideológicos tradicionales. Lo nuevo y lo viejo se perfilan como binomio esencial que sustituye al atávico conflicto entre izquierda y derecha. En Europa, esta situación se percibe con preocupación, ya que a juicio de los partidos tradicionales está teniendo lugar un afloramiento de extremismos maquillados de escasa democracia, difusa ideología e inquietantes programas de futuro. En España, el PP y en menor medida el PSOE también juegan con este argumento de recurso al miedo, a la idea de que Podemos puede acabar con el programa europeo y el Estado del Bienestar que ellos, solo ellos, construyeron. Esta falacia refuerza el binomio nuevo-viejo como núcleo del debate sobre el futuro de la política en próximas décadas. Lo que sí es evidente es que la aparición de Podemos ha obligado a PP y PSOE a replantearse la forma jugar. De primera, ya no son dos quienes se reparten el tablero. De segunda, no tienen asegurado el éxito electoral; es más, está amenazado. A lo sumo nos espera un panorama inestable de acuerdos entre partidos.

Los conservadores están más abiertos a pactar con partidos que aseguren estabilidad de gobierno, frente al PSOE, al que preocupa perder el ya de por sí deteriorado crédito que posee. El votante de izquierda es flotante; modula su voto al son de los biorritmos del titular de cada semana, y es más fiel a un catecismo ideológico que el votante conservador. De un pacto entre PP y PSOE saldría más afectado el PSOE. No es previsible que algo así suceda en próximas legislaturas, pero no digamos de este agua no beberemos. Si lo analizamos con perspectiva y Podemos y otros partidos de reciente aparición se abren paso, irremediablemente PP y PSOE deberán replantearse su lugar en el mundo. No es una entelequia pensar que en las próximas décadas el PSOE pase de ser interpretado por el electorado de un partido progresista, de izquierda, a un partido de centro, ligado más a valores tradicionales que a ideas reformistas. Y Podemos pasaría por mera lógica dialéctica a ser el partido de referencia para el votante progresista. Sé que este vaticinio es impensable, un sacrilegio para el socialista de raza, pero una cosa es lo que pensamos y otra bien diferente lo que la vida nos depara. El PSOE se enfrenta al reto más importante en toda su biografía: su subsistencia como partido no ya de izquierda, sino referente de valores progresistas, de renovación política, de cambio. Si comparamos PSOE y Podemos, se vislumbra sin mucho esfuerzo que este último representa cada vez más para la ciudadanía la renovación institucional, el cambio de discurso, las ideas frescas, las nuevas caras. Mientras que el PSOE se ve aún como sombra deformada de su propia identidad, envejecido, ligado a miserias internas y sin un programa que ilusione, que nos haga decir: esto suena a nuevo. Algunos analistas interpretan esto como un efecto de moda, pasajero, circunstancial. Sin embargo, obvian los cambios sociológicos que están teniendo lugar en la sociedad española, no solo en lo referente a la reconfiguración de la clase media a causa de la crisis, sino aspectos culturales como la revolución digital en las comunicaciones sociales o la aparición de generaciones desmemoriadas con su historia reciente, que son ya por derecho propio votantes activos que perciben el viejo pacto político y su letanía ideológica como un relato superable.

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4 Comments

  1. Me gusta el artículo, tu análisis me parece muy atinado, y lo comparto plenamente. No sé si estos chicos llegarán a algo; pero al menos, han conseguido poner nerviosos a los tramposos que rigen los destinos de este país, y tendrán que replantearse muchas cosas.

  2. En el 2004 poco antes del 11-M fui de quienes, como en mi opinión el llamado abstencionismo critico ha sido, es y será una solemne estupidez, estaba entre votar al PSOE, que no se lo merecía, o votar a IU, que no merecía la pena. Finalmente ocurrió lo del 11-M y como otras muchas personas hize lo que correspondía hacer para botar bien botado al PP, votar al PSOE. En el 2008, comprobado, demostrado y constatado que las expectativas de un cambio real en el PSOE de puertas hacia fuera y hacia dentro eran infundadas, sobre todo en Cáceres y en Extremadura, voté a IU por conmiseración. En el 2011 fui uno más del 15-M que a falta de otro cauce político más adecuado opté por Equo, aún chocando como eco-socialista integrante del colectivo político informal Red Verde con el sectarismo, dogmatismo, fundamentalismo y autoritarismo heredado de Los Verdes. En el 2013 y principios del 2014 participé en el intento de generar y gestar un proyecto político amplio, flexible y abierto capaz de ser referente de las creciente demanda social de una nueva política y una nueva forma de hacer política. Ocurrió que luego de tomar el nombre de Suma aquello fue brutalmente abortado por la dirección de IU y como no aceptamos el papelón de sumisos y complacientes compañeros y compañeros y compañeras de viaje, serviciales y serviles servidores de la vanguardia salvadora de la humanidad se abrió el proceso de construcción mediante una praxis de democracia participativa de Podemos, todo un nuevo proyecto político y toda una nueva formación política decidida a impulsar un proceso constituyente hacia una sociedad democrática avanzada,

    1. Tu periplo, José Javier, es el de muchos ciudadanos progresistas, huérfanos de referentes políticos. Podemos canaliza esta búsqueda, genera una esperanza. No sé lo que durará, pero al menos es más de lo que ofrecen otros. Gracias por pasar por aquí. Feliz Año Nuevo.

  3. Creo que, efectivamente, tu análisis tiene visos de realidad. El PSOE está siendo desplazado al centro, a su pesar, y Podemos va a situarse en la izquierda del espectro político. El PSOE ha envejecido y su proyecto ya no es capaz de ilusionar. Quien vota PSOE se entiende como conservador -es decir que aprueba el sistema-, responsable, que no quiere aventuras ni se hace demasiadas ilusiones. El otro día un charcutero con bastante ojo político me decía que Pablo Iglesias le recuerda al Felipe de los años ochenta: un animal político que hace vibrar a las masas y suscita simpatía y atracción mediática, como lo fue Felipe antes de hacerse un total remedo de sí mismo, una triste caricatura. ¡Qué grande fue y qué pequeño se ha hecho! Esto me entristece. Ya sé que no todos tienen que ser Mújica, el presidente uruguayo, pero da grima ver cómo se olvidan y pervierten los ideales que fueron determinantes en un tiempo. Y Rajoy ya lo ha adelantado: está dispuesto a pactar con el PSOE para impedir que Podemos sea opción de gobierno. Y el PSOE pactará, pero eso nos lleva de nuevo a 1982 y lo previsible es que Podemos termine llevándose el gato al agua. Se pueden decir muchas cosas malas de Pablo Iglesias -menos que ha violado a su hermana se ha dicho todo- pero lo que no puede negarse es que es brillante y está modulando los tiempos con una visión política sorprendente. No tienen a un enemigo fácil que hoy por hoy es además extraparlamentario. Y, ostras, qué pánico le tienen.

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