Je suis l’humanité

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Leo una interesante reflexión de la pluma del director político del Huffington Post en Reino Unido. Léanla, lo merece. El autor rechaza el intento de medios de comunicación y políticos de convertir el atentado de París en un ataque cultural, una actualización de la vieja dialéctica entre civilización o barbarie. Una tesis que alimenta sin quererlo una versión moderada de etnocentrismo que no es que haga mucho bien a la pretendida integración cultural. En vez de tratar el asunto como una cuestión militar, de seguridad nacional e internacional, se insiste en reforzar los aspectos culturales que contraponen extremismo e ilustración. Una perogrullada que tiene más intenciones políticas que de iluminación moral. Poco importan los aspectos religiosos de este asunto. Se trata de fanatismo terrorista. Subrayar como centro la defensa o no de la libertad de expresión suena a desvío de atención y forma maquillada de complacencia política del discurso. Y quién sabe si para justificar acciones de dudoso sentido común en un futuro. La confusión de categorías que abunda en la prensa de estos días sobre la discriminación entre musulmán, islamista, islamizado,… solo hace reforzar la adopción de enfoques culturales que con facilidad transitan un estéril buenrrollismo o una peligrosa animación al conflicto cultural. Esta postura moral tan naïf conduce a la autocomplacencia y alimenta el placebo de una inútil sensación de superioridad.

Pues claro que ellos son los terroristas, pues claro que las víctimas son los que murieron y a los que debemos el esfuerzo por impedir más atentados. La humanidad contra el terror, he ahí la cuestión. Toda la humanidad, sea cuales sean sus valores; contra el terror, sean cuales sean sus formas. Nada tiene que ver aquí el origen cultural, ni la religión; es solo una cuestión de sana defensa de lo obvio. Rechazamos el terror, tenga la excusa que tenga. Da igual si las víctimas son dibujantes o vendedores de paraguas. El terror atraviesa a todos, demarca la línea que distingue nuestra humanidad de un vacío absoluto de empatía. Da igual que los terroristas defiendan a un dios que a otro, o no defiendan nada y se guíen por el nihilismo absoluto. La justificación religiosa es una entelequia sin validez teórica ni práctica. Imaginemos que mañana un grupo de iluminados atenta contra población española en nombre de la Virgen del Rocío. ¿Acaso tiene algo que ver aquí la religión? ¿No es acaso un mero acto de terrorismo? ¿No requiere acaso otra cosa que acciones contundentes de prevención, represión y restitución de la justicia? ¿Acaso alguien sería tan necio como para confundir la inocuo creencia en una patrona local de la mera vileza fanática? No confundamos el mensajero con el mensaje que lo acompaña. El terror no nos vuelve mejores a nosotros, solo por el hecho de situarnos en el papel de potenciales víctimas; ni hace más agradables o no las viñetas del Charlie Hebdo -a mí personalmente me parecen de mal gusto-.

El terror anula la posibilidad de diálogo y exige determinación y unidad en la lucha internacional, pero no lleva acompañado la venta pirotécnica de nuestros valores morales como justificación de nuestra superioridad moral. No tenemos que demostrar nada. Seguimos siendo una Europa tan diversa y desunida como el día antes de los atentados, tan tolerante y racista como hace un mes. El terror simplemente debe dejar de existir. No tiene sentido. Su esencia es la falta de significación. No hay razón de ser que lo aliente.

El autor subraya la hipocresía europea, el doble rasero que adopta cuando mide la importancia de defender la libertad de expresión, siendo más benévola con los valores afines que con las creencias que considera foráneas o minoritarias. En el siglo XVII, John Locke escribió Carta sobre la tolerancia, un libro que es hoy lectura de cabecera en relación a la libertad religiosa. Sin embargo, este libro se escribió pensando en las luchas de religión europeas, dejando fuera de este conflicto la religión musulmana. La tolerancia se circunscribía al ámbito cultural de ‘lo nuestro’. El laicismo es tolerable siempre y cuando entre dentro de nuestras categorías culturales. Hoy, esta actitud pervive en el fondo del debate. Recuerden cómo el gobierno del PP ha defendido en numerosos casos la eliminación de obras artísticas que a su juicio atentaban contra el honor de los creyentes católicos. Por citar un caso, Monago y las fotografías frente al Teatro Romano de Mérida. Es probable que algunos de los que entonces se rasgaran las vestiduras ante la foto de Sergio Parra, pavoneando su puritana beatería, hoy coreen con alegría el gastado ‘Je suis Charlie’.

Faltaría más, no existe argumento alguno por el cual debamos negar el derecho a Charlie Hebdo a publicar sus sátiras, sean éstas de temática religiosa o cualquier otra, pero sí podemos distinguir el estilo afilado -véase a El Roto o Forges- de la sal gorda. La viñeta proteínica del trazo alto en colesterol. El exceso de condimento desvía el tiro de la inteligencia al estómago; exorciza nuestra bilis más que estimula el razonamiento. Pero para eso está la educación, para discriminar con sabia cordura, que no para prohibir y menos aún hacer del mal gusto motivo para desatar el terror.

Otro asunto importante. El gobierno francés tiene pendiente desde hace mucho tiempo un problema que da alas a los adeptos de Marie Le Pen: la integración social y económica de sus inmigrantes. ¿Cuántos franceses de origen foráneo han aumentado su renta en los últimos diez años? ¿Cuántos han abandonado el extrarradio y su situación de precariedad? La pobreza trae ignorancia, y ésta favorece los excesos. Uno de los terroristas aprendió a convertirse en fanático en la cárcel; antes de eso era un chaval de la calle, conocido por hurtos. ¿Cuántos terroristas a pie de fusil son de clase alta? Por otro lado, el miedo a nuevos atentados provocará políticas duras en el extrarradio parisino. La búsqueda de seguridad se paga con más inestabilidad social y aumento de los focos de pobreza. El terror debilita a las democracias desde dentro, aumentando la fractura social, enfrentando a unos contra otros.

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2 Comments

  1. Buenas circunvoluciones reflexivas, lástima que de ellas no se detraiga ninguna conclusión eficaz para entender esto que está pasando. Que yo sepa los hermanos de la hermandad del Rocío no han mostrado ningún radicalismo ni intenciones de atentar contra nadie. Solo hay que aguantar su mal gusto y su horterismo y tenemos la fiesta en paz. Que no han salido del subsuelo los inmigrantes de los barrios de París y Marsella. Pero si el estado de bienestar paga su mala conciencia con infinidad de ayudas sociales de que viven muchos de estos radicales que son puteros y alcohólicos hasta que un día deciden pasarse al campo de la pureza más apocalíptica y salen a combatir en guerras lejanas o ahora al parecer en nuestro territorio. El de Europa. Europa vive en un vacío espiritual estremecedor. La vida europea es atroz. Esto lo notan los desgraciados inmigrantes africanos cuando logran saltar la valla de Melilla y se encuentran la frialdad y la falta de compasión de Europa. Ellos eran pobres pero parecían compartir. Nosotros ya estamos hechos a ello y estamos situados, más o menos. Pero ellos están a la intemperie en el paraíso, sin trabajo, sin vivienda, solos. Los inmigrantes de tercera generación musulmanes se encuentran en el vacío occidental y un día anhelan volvera a la dimensión espiritual de su religión. Y lo hacen enloquecidos deseando aniquilar a todo lo que se oponga a su deseo de limpieza y pureza. La crueldad islámica es aterradora. Matan a musulmanes, a niñas, a ancianos, a las masas por medio de bombas que ponen a veces en la cintura de niñas de diez años. Todo vale para proyectar ese odio ante el vacío. Es un nihilismo totalitario. Nadie ha sabido enfocar este asunto, porque es tan complejo que se resiste a cualquier análisis racional. Los buenrollistas del multiculturalismo terminan por elogiar el burka como defensa de la libertad de la mujer (hay feministas radicales que lo hacen también). Islam y cristianismo han estado en pugna toda su historia. No es nuevo. Son concepciones distintas de la vida. La historia de España moderna se hace en lucha contra el Islam, la batalla de Lepanto es contra el Islam, el imperio otomano… Luego el Islam decayó y ahora su vanguardia extremista quiere destruir el mundo occidental para crear un califato universal que incluiría a Europa llena de fieles musulmanes que pueden unirse a la yihad. Conozco a algún exitoso actor -exalumno mío- que trabaja en series de TV y es famosete que en sus textos dice que lo de París es un autoatentado, que todo está hecho para perseguir a los musulmanes a los que se estigmatizará por su origen y su aspecto, que todo es hipocresía occidental. Este muchacho ha tenido todo de nuestro sistema educativo y empresarial y ha triunfado hasta ahora, pero su pensamiento es supuestamente izquierdista aunque considera que se ha ofendido al Profeta.

    No tengo ninguna varita mágica para interpretar esto, pero a tenor de las noticias de esta noche en los medios. la cosa sigue en Bélgica y no ha hecho sino empezar. Están aquí y quieren cambiar Europa. El Islam es agresivo y siente deseos de dominar. En todos los países del mundo en que están hay conflictos con ellos. ¿Soluciones? Ni puta idea. Pero tenemos un problema.

    1. Comparto el final de tu reflexión, Joselu. No sabemos los porqué, pero ahí está el problema. Por eso mi reflexión subraya el carácter metafísico del terror, su insustancialidad, su ausencia de sentido. No hay razones religiosas o culturales. Es vacío que mata, un agujero negro que absorbe materia en descomposición moral.

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