Liturgias

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Durante el escaso tiempo que milité en el PSOE, lo que más me sorprendió fue descubrir la similitud que existe entre la vida interna del partido y la de un conjunto de fieles a una religión. Incluso la jerga era similar. Las intervenciones en la sede estaban cargadas de una retórica compartida, con su liturgia y sus ritos, sus sacerdotes y su coro entregado. Crear ambiente de unidad en la fe, dotar de un lenguaje común a toda la feligresía, respetar tiempos y rangos. Lo que para el creyente es “hermano”, en el PSOE es “compañero,… compañera”. El aplauso se regala sin mediar entendimiento y todos asisten gozosos a sus fiestas de guardar. Acercándose las elecciones, la tropa se pliega en formación de a uno y todos recitan el guión marcado o callan. Los eslóganes se repiten en redes sociales, como una letanía salmódica. Nadie critica públicamente al sumo sacerdote, bajo pena de excomunión, y todos exaltan su fe como la verdadera, orgullosos de un pasado largo y glorioso.

Hoy, en pleno tsunami político, no ha cambiado mucho esta mecánica de filiación. Pero en la calle, la ciudadanía progresista, ya no se fija en ella; es más, le molesta, la interpreta como impostado atrezo, como pomposo exhibicionismo de una ideología que suena a histriónica autocomplacencia. Ya no demanda del PSOE sacar pecho con orgullo por viejas batallas o pavonear las virtudes del socialismo y sus sagrados valores. Esta liturgia es, a ojos del ciudadano ajeno a sus eucaristías, un ejercicio de impúdico egocentrismo. La gente ya no aprecia al PSOE por su legado, por las rentas de un pasado victorioso. Quiere hechos. Ni siquiera su limpieza de cara le convence. Imagínense qué puede pesar de su enloquecido baile de ocurrencias.

Pero a diferencia de lo que le sucede al PSOE -he aquí la paradoja-, Podemos es amada por su retórica, sin necesidad de hechos. La mitología profana de la izquierda que era hasta ahora patrimonio del socialismo, ha pasado a ser canalizada hacia esta nueva formación. Al PSOE se le exige pruebas; a Podemos, más liturgia, más salmos, más sacerdotes de verbo encendido,… ¡más madera! Tienen en el fondo razón Rajoy y Sánchez cuando se tildan a sí mismos de líderes de partidos responsables. Del PP y el PSOE se espera responsabilidad, resultados verificables. De Podemos solo se espera que siga ilusionando, que aumente la fe de la ciudadanía. Y para eso no se necesitan proyectos, ideas, medidas ponderables. Solo biblias y profetas, gurús eficaces, de lengua convincente.

La pregunta crucial es saber qué decepcionará más en noviembre, la indolencia del partido responsable o la incoherencia de la nueva religión. Y aún más, si la ciudadanía, después de este aciago lance, saldrá recompensada por la luz de un sano escepticismo -ese que nos convierte en ciudadanos cabales- o seguirá, dócil rebaño, creyendo sin ver, o viendo lo que quiere, por miedo a ser decepcionado. Ustedes dirán,… o el tiempo, ese implacable tirano.

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